Con frecuencia me encuentro con personas que sus vidas se vuelve una constante rutina, todo lo hacen como en control remoto, inician su jornada desde muy temprano en la mañana y pasan largas horas de trabajo, luego se envuelven en las actividades del hogar hasta altas horas de la noche y se privan de disfrutar de las cosas más sencillas y placenteras de la vida.
La Biblia menciona que cuando Dios creó a la humanidad descansó el séptimo día. Los expertos aconsejan que para tener una vida saludable debemos disfrutar cada día, vivir el presente, olvidándonos de las heridas del pasado y los temores hacia el futuro, pero el más importante es: Hacer que Dios sea el Rey y Señor de nuestros corazones. ¡El nos promete una vida abundante!