Vivimos en un mundo que se enfoca en resaltar la belleza física de las personas. “Mientras mejor luces, mejor te tratan”. Y no está mal que nos arreglemos y vistamos con elegancia, pero realmente lo que más importa es el interior de cada individuo. En una porción de la Biblia Dios pide que la belleza de nosotros no sea la externa, sino más bien, que sea la que procede de lo íntimo del corazón.

Cuando juzgamos a los demás por la manera cómo se ven, caemos en la trampa del diablo de rechazar a otros y lastimamos a Dios.

Hoy quiero animarte a que busque la forma de incluir en tu circulo de amigos a otras personas a las que posiblemente ignoraste en tiempos pasados. Si le es difícil, ore por ojos que puedan ver el corazón de las personas y no su apariencia.

Para más información visita: http://www.albertodelgado.org.

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