Lidiar con tantas responsabilidades día a día como el trabajo, los hijos, las necesidades económicas y más actividades, suelen cargarnos tanto que fácilmente podemos perder la paciencia y alterarnos.

 Por eso hoy quiero animarte a que seas fuerte y resistas la constante tentación de caer en la amargura y la frustración. Claro que es normal que nos enojemos pero que este sentimiento no sea constante en tu vida y mucho peor que afecte tu relación con los demás. Debemos aprender a desarrollar la tolerancia y la paciencia.

Determina que desde éste día en adelante harás todo lo posible para retener la paz y disfrutar cada día de la vida. Sé que con la ayuda de Dios y tu esfuerzo lo lograrás. 

Recuerda Dios tiene hoy una bendición para ti.

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