ESTABLECIENDO UN LEGADO EN TU GENERACION…

Enseñarles a tus hijos que sus sentimientos son valorados y respetados es parte importante de la formación de su identidad. Todavía recuerdo que cuando mi hija era muy pequeñita, tenía una almohadita que llevaba a todos lados. A los diez años de edad, asombrosamente mi hija todavía seguía aferrada a su almohadita. A éste punto se imaginarán como estaba la almohadita, mi esposa Mariam tenía que cambiarle el forro cada cierto tiempo, para poder mejorar su aspecto exterior. A los catorce años mi hija seguía con ella y yo pensaba: «Esta situación no es normal, quizá necesite liberación, está aferrada a ese objeto».

Cuando íbamos de viaje, había que llevar la almohadita en el maletín de mano, porque de seguro la exigiría en el avión. Recuerdo que un día tomé la almohadita y la boté. ¡No se imaginan el llanto que formo mi hija! Parecía que había ocurrido una tragedia. Como yo quería sacarla de la aparente obsesión que tenía con la pequeña almohada, le dije: «¿Por qué lloras tanto por algo que no tiene importancia?». Ella me miró con sus ojos llenos de lágrimas y me dijo: «No tiene importancia para ti... para mí sí...». Su sinceridad tocó mi corazón y sentí su dolor. Es verdad que para mí, su pequeña almohada no tenía ninguna importancia, pero para ella sí. De modo que fui al basurero a buscarla, le cambiamos la funda y se la coloque nuevamente en sus manos. Menos mal que no había basura allí, pues la acababan de sacar cuando deposité la almohadita. Dios me enseñó a través de esa experiencia que debemos respetar lo que para ellos es importante. Aunque no lo entendamos, los sentimientos del niño son así.

Hoy en día me pregunto quién sabe lo que esa almohada significaba para ella durante todos esos años. Hablaría con ella... ¿¡quién sabe!? En mi caso, por ejemplo, le digo a mi esposa que no bote los papeles que a veces amontono sobre mi escritorio. Aunque guarde muchos papeles, cada uno tiene un valor importante para mí. Hacer eso que le hice a mi hija, es ejercer una autoridad en forma indebida, cuando lo hacemos en otro tipo de situaciones podemos crearle a nuestros hijos heridas y complejos, afectando el desarrollo de su personalidad. Debemos pedirle a Dios que nos dé sabiduría para entender el corazón de nuestros hijos, aun cuando vayamos a disciplinarles. Hay cosas que pueden marcarles por el resto de sus vidas.

¿Dónde está el límite?

Las bases las establecen los padres, no los hijos. Sin embargo, ¿hasta dónde debe llegar mi respeto y tolerancia por ellos? Debemos valorar sus pensamientos y sentimientos, ¿pero dónde está el límite? Se trata de un equilibrio. Por lo tanto, no puedo ser el ogro que lo censure todo, pero tampoco puedo llegar a la indiferencia porque esto también los va a dañar.

Hay hogares donde los hijos fuman mariguana y ven pornografía, de modo que los padres, por no entrar a su cuarto y no invadir su privacidad, no hacen nada y ellos se están destruyendo asimismo. Aunque la inclinación de nuestra sociedad hacia el liberalismo va en aumento, y muchas de las nuevas enseñanzas de la sicología moderna nos separan cada vez más de las enseñanzas divinas, no podemos someternos a lo que diga el hombre y hacer parecer que Dios es el que está equivocado, ya que Dios siempre tiene la verdad.

Antes bien sea Dios veraz, y todo hombre mentiroso.
Romanos 3:4

Nuestros hijos son nuestra responsabilidad. Dios nos los da para que los criemos y los desarrollemos. Además, es importante su supervisión constante, sobre todo en estos tiempos. No aceptes que tu hijo trate de establecer que no puedes invadir su privacidad, ni entrar a su cuarto a examinar sus gavetas, ni debajo del colchón, solo porque se lo enseñaron en la escuela o el papá de su amiguito no se lo hace. Tenemos el deber de supervisarlos, saber cuál es su página favorita de Internet, con quiénes se comunican, ¡claro que sí!

Una cosa es reconocer sus sentimientos y valorarlos y otra cosa es aceptar todos sus gustos y preferencias, hay que evaluar lo que es dañino para ellos y lo que no lo es, y explicarles el porqué de las cosas. Sobre todo, esto último es muy importante porque a veces no damos explicaciones cuando les negamos algo. La frase «¡Porque yo lo digo y punto!», muestra una autoridad absoluta y hace falta que nuestros hijos reconozcan en cada una de nuestras órdenes que la intención es siempre cuidarles y protegerles. Por lo tanto, cuando les decimos que no, siempre hay una razón que se conecta por completo con las enseñanzas divinas, con la Palabra de Dios. A fin de lograrlo, debemos conectarnos con nuestro verdadero Padre de modo que seamos capaces de saber quiénes somos y a dónde debemos ir para ser mejores padres y actuar con sabiduría. Necesitamos el discernimiento que viene de «arriba».

Instruye al niño en su camino, y aun cuando fuere viejo no se apartará de él.
Proverbios 22:6

En este proverbio, Dios nos asegura que nuestros hijos conservarán la Palabra de Dios en su corazón si les instruimos en ella. Además, es evidente que aunque se aparten y vayan por malos caminos, la semilla de la Palabra los hará regresar «aun cuando fueren viejos». El sufrimiento de los padres que ven a sus hijos apartarse del camino de Dios, y hasta incurrir en problemas con la justicia, verse cautivos en una adicción como las drogas o el alcohol o vivir en cualquier tipo de pecado, es algo muy duro. Puedo hablar por experiencia propia, pues nuestro hijo estuvo apartado de los caminos de Dios por dos años. Fueron dos años duros en los que mi esposa y yo tuvimos que pelear juntos y de rodillas ésta gran batalla. Orábamos cada vez que se iba de la casa, ungíamos su cama con aceite, clamábamos a Dios por protección y orábamos para que regresara a los pies de Jesús.

Quizá alguien se pregunte: «¿Por qué dos años? Si usted siendo pastor pasó dos años en batalla para que regresara su hijo, ¿cuántos años tendré que pasar yo peleando con el enemigo para que suelte al mío?». Todo depende de lo alertas que estemos en el cuidado de nuestros hijos.

Existen similitudes entre la vida espiritual y la natural. Por ejemplo, cuando una enfermedad que ataca al ser humano se diagnostica a tiempo, su tratamiento es exitoso en muchas ocasiones. De igual manera pasa con los ataques espirituales. La reacción a tiempo basada en el conocimiento de la Palabra, la cual nos indica cómo resistir al diablo de diferentes maneras, no permite que ese ataque se desarrolle ni eche raíces profundas en nuestras vidas. Sin duda alguna, mientras más profundo se encuentre alguien en el hoyo, más dificultoso resulta sacarlo de allí. Así que el tiempo que se demorará la liberación de tu hijo depende de qué tan alerta y sobrio estés tú.

Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar.
1 Pedro 5:8

En nuestro caso en particular, con relación a la batalla por la libertad de nuestro hijo que duró dos años, nos sucedió lo que les pasa a muchos ministros y pastores con su propia familia. A veces pasamos tanto tiempo ocupados en los problemas de las personas que acuden a nuestra congregación, hay tanto trabajo, tantos matrimonios en conflicto, tantos hijos fuera de casa, tanto sufrimiento que debemos atender como pastores, que le restamos tiempo a nuestra propia familia. Quiero llamar la atención de estos ministros, pastores y consejeros que se ven inmersos en ese tipo de trabajo. El consejo es: «No descuiden a su propia familia».

Existe un orden de prioridades que no debemos alterar. Dios está por encima de todas las cosas, después viene nuestra familia y en tercer lugar, y no por eso menos importante, está el ministerio. En este lugar también está el trabajo, cualquiera que sea este. No obstante, volviendo a la promesa expresada en Proverbios 22:6, al igual que todas las promesas de Dios, debemos activarla con nuestra fe, con nuestras oraciones y, si es posible, hacer guerra espiritual contra los enemigos que nos quieren robar a nuestros hijos.

Si puedes aprender de los errores de otros, es muy probable que tu batalla espiritual dure menos de dos años. Tal vez hasta menos de un año. Todo depende de cuán alerta estés a los primeros síntomas, los cuales el Espíritu Santo te revelará mediante el discernimiento espiritual que está en ti. De modo que si sigues mi consejo, tu éxito será mucho más rápido que el mío.

El padre como modelo
El ejemplo que les demos a nuestros hijos es esencial para poder desarrollar una relación saludable con ellos, pues en muchos casos decimos una cosa y nuestro ejemplo o testimonio muestra lo contrario. Esto hace que el corazón de ellos se endurezca con el tiempo y aunque nos amen, al ver la hipocresía de nuestras acciones, desarrollarán un rechazo hacia nosotros, en especial hacia papá que es el ejemplo principal como cabeza de familia.

Es necesario que los hijos vean desde una edad temprana, una relación saludable entre mamá y papá, donde nuestro Señor Jesucristo y sus enseñanzas sean el centro y la base de la familia. Si consideras que debes pedirle perdón a tu hijo que ya tiene treinta años, nunca es tarde. Ve y hazlo, mostrando tu sincero arrepentimiento. Eso será mejor para ellos y te respetarán mucho más por haber sabido reconocer tu error.

La influencia del padre en el hijo es tan prominente que puede apreciarse en muchas escalas. Por ejemplo, se sabe que en la gran mayoría de los jóvenes que toman la decisión de ir a la iglesia hay una relación de noventa y tres por ciento de los padres que vienen también a la iglesia. Ahora bien, cuando «papá» no asiste a la iglesia y «mamá» sí, solo asiste el veinticinco por ciento de los hijos. Sin duda alguna, la madre ejerce una importante influencia sobre los hijos, pero es mayor la del padre en esta esfera y en muchos otros asuntos.

Y amarás a Jehová tú Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas. Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes.
Deuteronomio 6:5-7

En este pasaje, Dios no solo nos deja ver que quiere una entrega absoluta de nosotros hacia Él, sino también que sus palabras, las cuales expresan sus deseos y que están contenidas en la Biblia, se les repitan sin cesar a nuestros hijos. Dios tiene un método diferente al método natural humano que se nos ha mostrado desde que somos pequeños. El deseo de nuestro Padre celestial es que triunfemos en esta vida presente y por eso Él quiere que nuestros hijos, desde temprana edad, conozcan y comprendan su manera de pensar.

Antes de poder enseñarles a los hijos el sentir de Dios y sus estrategias para una vida victoriosa, los padres necesitan hacer un cambio en sus mentes. Por eso el apóstol Pablo nos dice lo siguiente en el libro de Romanos:

No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, buena, agradable y perfecta.
Romanos 12:2

Dios nos llama a cambiar nuestra manera de pensar porque de acuerdo a cómo pensemos, vamos a creer; y de acuerdo a cómo creamos, vamos a actuar. Por eso es importante que crezcas en el conocimiento de Dios y su Palabra, para que puedas vivir y compartir estas verdades y enseñanzas bíblicas con tus hijos y repetírselas cada día, y en cada situación que se presente.

Mientras están con nosotros, todavía tenemos la oportunidad de mantenerlos dentro de un círculo de bendición y darles un buen ejemplo. Si en este tiempo presente te das cuenta de que no lo has hecho, nunca es tarde, Dios siempre nos da nuevas oportunidades.

La responsabilidad de enseñar la verdad
Durante la crianza de nuestros hijos debemos tener en cuenta que, desde sus primeros años de vida debemos enseñarles no solo las normas básicas de moral y conducta. Es importante darle valor a la verdad de Dios y que nunca se confundan en cuanto a reconocerla.

Una de las cosas más fáciles en que el diablo tratará de influir para que el muchacho deje de creer es en todo lo que parezca fantasía o imposible de razonar, como Dios y su Palabra divina, los milagros, la muerte y la resurrección de Jesús, y que hay un cielo y un infierno que están en la vida venidera.

El hombre, como cabeza de la familia, es el principal educador:

Oíd, hijos, la enseñanza de un padre,
Y estad atentos, para que conozcáis cordura.
Porque os doy buena enseñanza;
No desamparéis mi ley.
Porque yo también fui hijo de mi padre,
Delicado y único delante de mi madre.
Y él me enseñaba, y me decía:
Retenga tu corazón mis razones,
Guarda mis mandamientos, y vivirás.
Proverbios 4:1-4

En el primer verso, vemos a Dios ordenándoles a los hijos que escuchen. Esto es de suma importancia: «Oíd, hijos, la enseñanza de un padre». Hay un dicho popular que dice que no hay peor sordo que el que no quiere oír. También existe un mandamiento básico a los hijos de que escuchen las enseñanzas del padre. Dios llama a sus hijos a obedecer y, en este caso, escuchar y obedecer a papá. Asimismo, establece que el padre asuma la responsabilidad de la enseñanza: «Y estad atentos, para que conozcáis cordura».

La palabra que se traduce como «cordura» implica enseñanza de sabiduría y prudencia para desarrollar buen juicio. La sabiduría comienza con el temor a Dios. Enseñarles cordura es enseñarles buen juicio, y esto no tiene que ver con juzgar a la gente, sino en enseñarles a juzgarse a sí mismos para que juzguen su entorno y los caminos a escoger.

En estos tiempos nuestros hijos están siendo bombardeados con diferentes corrientes y doctrinas de pensamientos, por eso es importante la guía que podamos darles basado en lo que dice Dios en su Palabra, es nuestro llamado enseñarles lo que nos dicta Dios, no lo que quiere enseñarles la sociedad. Dios te llama a ser el instructor y el maestro de tu hijo y a explicarle que, si no recibe la enseñanza y la pone en práctica, no tendrá éxito en lo que emprenda. Sin embargo, siempre tendrá triunfos si aprende de los sabios consejos de Dios para la vida y muchos de estos consejos vendrán a través de ti, su padre.

Dr. Alberto M. Delgado, M.A., Th. D.

Tomado del libro: ¿Qué tipo de hombre eres?