La Biblia dice que amemos a nuestro prójimo como a nosotros mismos. Pero, qué sucede si nosotros mismos nos damos poco valor y no reconocemos nuestras fortalezas y virtudes.
Cómo podríamos cumplir con este mandato de Dios si no nos amamos realmente? Debemos aceptarnos con nuestros defectos y virtudes porque, aún así, Dios nos amó primero. No somos perfectos y a pesar de eso somos realmente especiales para Él.
Debemos aprender a ser felices con quienes somos y con lo que tenemos. No te dejes caer por cada cosa que, quizás, no has hecho correctamente. Aprende a amarte tal y como eres. Así, se te hará más fácil amar y valorar a los demás.
Recuerda Dios tiene hoy una bendición para ti.

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