Todos tenemos metas, sueños y anhelos que alcanzar y a menudo nos encontramos dedicando todo nuestro esfuerzo y pensamientos a conseguir lo que deseamos.
Trabajar para alcanzar tus metas es algo muy positivo, pero no debemos hacer del trabajo y las cosas materiales, el centro nuestro a tal punto que descuidemos nuestra vida espiritual y por ende la relación con nuestro Padre Celestial.
Cuando le dedicas tiempo a Dios, desarrollas mejor tus talentos, te desempeñas mejor en tu trabajo y tu capacidad de amar se extiende de una manera equilibrada y maravillosa.
Hay un versículo muy lindo que dice: Deléitate en el Señor y Él concederá todas las peticiones de tu corazón. Así que cada día separa un tiempo en tus actividades y dedícalo a tu Señor.

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